Laura García, Manager en Wyser // Coach Ejecutivo, colabora con el medio Capital Humano en este artículo sobre la importancia de los valores a la hora de seleccionar personas.

¿Por qué es importante hacer un alto en los valores y las competencias emocionales a la hora de seleccionar personas? En mis años de experiencia profesional dentro de la consultoría de selección he podido ir comprobando las ventajas de dar protagonismo a los valores personales en los procesos de selección, con el fin de minimizar riesgos y conseguir el encaje ideal entre empresa y candidato.

Los valores son el conjunto de cualidades que nos definen tanto a las personas como a las organizaciones. Aunque cada ser humano es único y esta esencia enriquece la propia plantilla de la empresa, existe una base común que son los valores. Estos influyen en la forma de interpretar la realidad del trabajo, o en el comportamiento, y son claves a la hora de definir la misión y la visión de la compañía. Por esta razón, es fundamental ahondar a lo largo de cada proceso de selección en los valores de cada individuo.

Contratar personas que se adapten bien a la cultura y crean firmemente en los valores corporativos, favorece que el talento se desarrolle. Es más, aquellos que encajan bien con la filosofía de trabajo de la compañía y por tanto también con sus compañeros, muestran a medio plazo una mayor satisfacción laboral, un desempeño superior, mayor motivación e implicación y un mayor sentimiento de pertenencia, convirtiéndose en los mejores embajadores de la marca.

Este nuevo enfoque conlleva una diferente forma de llevar a cabo la atracción de talento donde, además de prestar atención al expediente profesional, académico y técnico de los candidatos, nos detenemos a analizar la actitud, el compromiso, los puntos de vista sobre diferentes temas, las habilidades sociales, los valores personales, el código ético, así como creencias y habilidades emocionales de los aspirantes.

Es gratificante ver cómo esta tendencia cada vez es más valorada por las empresas y está extendiéndose como medio para crear equipos de trabajo de alto rendimiento totalmente alineados con el propósito de la compañía, ya que cuando los integrantes de la organización comparten valores y objetivos comunes se crea un vínculo especial, se facilita el trabajo en equipo y la cohesión de todo el grupo, traduciéndose en un clima laboral positivo y en una mejora de la productividad y por tanto, de los resultados de la compañía.

Daniel Goleman y Cary Cherniss, en su libro “Inteligencia emocional en el trabajo: Cómo seleccionar, medir y mejorar la inteligencia emocional en individuos, grupos y organizaciones”, desarrollan el estudio llevado a cabo por David McClelland en una organización donde introdujeron herramientas de selección basadas en Inteligencia Emocional y los valores personales de los ejecutivos, con el objetivo de reducir la alta tasa de rotación en estos puestos. Los resultados no se hicieron esperar y tras dos años utilizando esta nueva metodología en el reclutamiento de los altos cargos, el índice de rotación se redujo del 49% al 6,3% lo que se tradujo en un ahorro de 3,5 millones de dólares anuales en costes de reclutamiento, contratación y formación de las nuevas incorporaciones.

En el mundo empresarial es importante cuantificar los beneficios de todas las acciones y de los que cada uno de los empleados dará, sin embargo, debido a que los valores no pueden cuantificarse materialmente, en algunos casos se les acaba restando importancia; por ello debemos tener presente que son precisamente los valores los que marcan la diferencia a medio y largo plazo y que cuando estos se toman en cuenta, se refleja en mejoras en los resultados de la empresa.

Nuestra labor desde consultoría es hacer que todo esto suceda consiguiendo seleccionar al candidato más apropiado para nuestros clientes y por otro lado, ayudar a nuestros candidatos para que puedan encontrar el mejor lugar en el que crecer, desarrollarse, evolucionar y madurar profesionalmente.

Las personas buscamos organizaciones de las que sentirnos orgullosos de pertenecer, donde se nos permita hacer y sentir y sobre todo, desarrollar nuestro trabajo sin fallas a nuestros valores y nuestra ética.