Adriana Olalla, Manager FS & Banking Real Estate specialist de Wyser para Equipos y Talento, “Agilicemos la felicidad”.

La tecnología ha sido en las últimas décadas la herramienta más expuesta al cambio continuo que conocíamos, su evolución ha sido la medida del progreso. Es por tanto en este entorno donde se viene utilizando esta terminología hoy tan sonada de AGILE. Pero…¿Qué queremos decir cuando hablamos de Agile? Podemos definirlo como una filosofía basada en la mejorar continua y rápida adaptación. Si no supiéramos nada y nos preguntasemos: “¿Qué es ser ágil?” Tendríamos respuestas relacionadas con la rapidez, efectividad, con lo que implica eliminar o reducir los elementos de bloqueo y barreras, tangibles o intangibles. Centrándonos en las personas, las metodologías más desarrolladas potencian el trabajo en equipo, haciendo que las tareas fluyan entre quienes las comparten. Se rechaza ir en contra de la gestión organizativa que olvida el valor humano. Por tanto, podemos decir que ser ágil, principalmente, favorece a la organización, une al equipo oara trabajar en común y se focaliza en las personas. Y, por suerte, también podemos aplicarlo en nuestro entorno personal.

Cuando detectamos carencias surgen alternativas. Fruto de la continua ineficiencia detectada en la entrega de valor a los clientes, desperdicio de recursos e insatisfacción en el desarrollo profesional de nuestros trabajadores, volvemos a hablar de lo que era ágilmente básico. Su origen se remonta a principios de siglo XX de la mano de F.W.Taylor y Henry Ford cuando aparecieron las primeras técnicas para la optimización de la producción. Fue Ford quien introdujo las primeras cadenas de fabricación de automóviles en serie, persiguiendo una nueva forma de organización que poco a poco se fue desarrollando en todo el mundo.

Kiichiro Toyoda, el fundador de Toyota, desarrolló esta filosofía, creó metodologías y técnicas buscando una situación ideal, donde máquinas, instalaciones y personas trabajaban juntos para añadir valor, sin generar desperdicios entre operaciones, líneas y procesos.

Existen metodologías y frameworks posteriormente desarrolladas y relacionadas con la agilidad de procesos, como Kamban y Scrum. Desde el valor de RRHH nos damos cuenta de que podemos hacer procesos más eficientes para compañías, pero no sin antes preparar a las personas para el cambio. Lo difícil es modificar la forma de mirar, destruir falsas creencias limitantes del desarrollo. Preparar a las personas para redefinir las reglas del juego y olvidarse de uno mismo para buscar un bien común, que siempre acabará sumando individualmente.

Tomar compromiso desde lo intangible, del por qué hacemos las cosas y para qué, las empresas deberían ser conscientes de aplicar los valores que dicen les definen, que no sean parte de la descripción en una web. Que la cultura sea una esencia que se perciba al entrar por la puerta o al conocer a un empleado. Busquemos evolucionar nosotros para poder hacer crecer nuestros entornos de trabajo, creamos en la formación y potencial de las personas, de todas las edades. Abracemos el cambio, demos valor a lo que será indiscutiblemente indigitalizable, que es el valor humano.

Seamos personas ágiles que se cuestionan y no solo se adaptan. Inviertan en metodologías, pero agilicen su felicidad, que, al final, es de lo que se trata.